/ Papel impreso y cortado /

Papel, ese atribulado medio que nació para que manos humanas dejen sus huellas en forma de gráficos que con el tiempo se convertirían en lenguas para darnos los mejores poemas o las más bellas ideas acerca de cómo debería ser la vida en este mundo.

Papel, que en manos de los artistas visuales ha dejado de ser un simple soporte para los ideogramas, que más tarde pudieron convertirse en letras, ocupa hoy un lugar protagónico y así el blanco es llamado a ser ese espacio que nos sorprende cada vez con su mágica expresión. Un vacío que no es tal, un vacío que es un todo.

El papel en la obra de Sara Slipchinsky está constituido por finos hilos que recorren el espacio en las más laberínticas direcciones: arriba/abajo, adelante/atrás, penetración/expulsión y así se podría continuar una larga y compleja clasificación de las acciones que celebran sus obras. De repente en medio de ese ejercicio de grabar sin ácidos, ni gubias y como si fuesen arados que dejan sus surcos en el papel, se perciben entre los filamentos blancos finos hilos negros que nos ponen frente a un bello poema visual que expresa fantásticos sentimientos y que nos llevan a soñar paraísos surreales. Otras veces será un rojo interfiriendo al blanco.

Siempre serán sutiles y poéticas interferencias. Frente a los papeles blancos de Sara no queda más que mirar y como una hipnosis dejarnos llevar por entremedio de sus laberintos y perdernos en el blanco... así hasta el infinito.

Juan Carlos Romero, agosto 2009